Un rincón donde leer

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El edificio que anteriormente había sido un hotel no estaba mal. Mi habitación era lo suficientemente espaciosa, tenía un salón, un baño y un dormitorio, y para mí solo eran todo lo que necesitaba. Cuando me enseñaron la habitación 309 del Hôtel de la Navigation la encontré suficiente para mis necesidades, pero en aquel momento no me di cuenta de que tenía algo que la haría especial, y que a estas alturas echaría tremendamente de menos.

Tenía un rincón donde leer.


Veis ese alféizar justo encima del radiador, justo debajo de la lámpara? Fue el lugar donde más tiempo pasé durante los cuatro meses en que esa habitación fue mi casa.

Durante mi primer mes de estancia allí, hubo unos cuantos cambios en ese salón. La mitad de habitaciones del hotel estaban todavía sin ocupar, las llaves al alcance de cualquier mano, y en ese tiempo cambiaron la silla, la lámpara y el sofá [1]. Los cojines del sofá desempeñaron un papel vital, añadiendo comodidad a un hueco casi perfecto. El cambio de lámpara fue imprescindible, porque esa que se ve en la foto tenía el defecto de dirigir la iluminación solo hacia arriba. Y la silla... bueno, no llegué a usarla demasiado, pero ya que estábamos... Ah, también quité el televisor (se quedó castigado, en un rincón y mirando hacia la pared), y su sitio pasó a estar ocupado por el portátil y un bol de fruta.

Pero volvamos al rincón, que me disperso. Era el lugar perfecto para leer. Cada noche me sentaba allí, con la ventana a mi derecha, con las luces de Évian-les-Bains y Maxilli-sur-Léman al otro lado del lago, muchas veces distorsionadas por la lluvia que golpeaba contra el cristal. Los fines de semana, cuando todavía había luz, podía sentarme allí a disfrutar de mi libro con unas vistas espectaculares.


A mis pies, el puerto deportivo de Lausanne. Al fondo, Francia. Y ya podía estar lloviendo, nevando, soplando un viento endemoniado, o haciendo una temperatura de -10ºC [2][3], el radiador debajo del alféizar se encargaba de que mi hueco para leer siempre fuese acogedor. Allí leí a Asensi, a Philip K. Dick, la biografía de Einstein, di mis primeros pasos en el camino hacia La Torre Oscura y alguna vuelta que otra a La Rueda del Tiempo.

Cuando tuve que irme de Lausanne, supe que echaría de menos ese rincón. Y así es. Hace un par de meses, Antonio me avisó de que, finalmente, habían derrumbado el hotel, y habían empezado las obras para construir, creo que iba a ser, un centro comercial.

A día de hoy en mi casa no hay ningún rincón que se le pueda equiparar, y cruzo los dedos por que, el día que me ponga a buscar piso propio, encuentre uno con un rincón para leer. Uno que sea tan acogedor como el de la habitación 309.

[1] Creo que, junto al descubrimiento del peluche gigante de reno, el proceso de cambio del sofá fue el momento más memorable de nuestras peripecias por el hotel. Imaginad a dos españoles, un domingo a las once de la noche, muertos de risa, subiendo y bajando sofás por las escaleras de un hotel en Suiza... Os váis haciendo ya a la idea, no?

[2] Bueno, el viento no siempre daba igual. Que mi ventana no estaba del todo bien sellada, y el aire frío se colaba por las rendijas...

[3] Escoja dos de cuatro... Da igual la combinación que salga, en algún momento de aquellos cuatro meses, esa combinación se dio.

7 comentarios :

Cattz dijo...

Mmmm, yo recuerdo a mis compañeros de piso volver de borrachera un domingo a las 7 de la mañana cargando un sofá. Mi habitación era la primera y no fueron muy silenciosos XD

Interloper dijo...

Cattz: Tuvo que ser un espectáculo digno de ser presenciado... Si no te despertaban en el proceso, claro!

En nuestro caso, ni estábamos borrachos, ni pasamos por delante de habitaciones ocupadas...

Al menos el sofá que trajeron tus compañeros estaría en buenas condiciones, no? O hubo que volver a llevárselo al contenedor a la mañana siguiente?

Cattz dijo...

No estaba en peores condiciones que los que ya estaban en la casa si eso te responde...

Interloper dijo...

En tal caso, era una mejora... Aceptamos barco, pues xD

Cattz dijo...

Era una mejora porque siempre había gente en casa. Nos dedicamos a recoger cada silla huerfanita que encontramos por la calle.

Pero hicieron un ruido los malditos... borrachos: riéndose y chillando.

Interloper dijo...

Ya me les estoy imaginando a la mañana siguiente: "Anda! Y este sofá qué hace aquí? ... Que nosotros qué!?"

Lady Boheme dijo...

Hmmm... qué chulo y qué romántico (entiéndase romántico como su acepción original, el siglo XIX, literatura gótica, niebla, etc.). Muy bohemio, también... Me da envidia (sí, ahora te envidio por algo más :P) que pudieras leer durante ese tiempo en un lugar así.

Yo espero que, cuando tenga mi propia casa, pueda montarme mi rincón para leer. No creo que viva en un piso muy grande, pero seguro que encuentro algún lugar que hacer "mío". Cuando ocurra, lo compartiré con vosotros en el blog...

Besines!!